miércoles, 8 de enero de 2014

Y después del enamoramiento, ¿qué?

El enamoramiento es humo: no existe.

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Esa es la conclusión que sacamos el otro día mi amiga Cricri y yo en nuestro Central Perk particular. El enamoramiento es humo, maravilloso, pero humo al fin y al cabo, tan estupendo, que hay cada vez más lesbianas que son adictas al humo y van fumándose cigarrillo tras cigarrillo buscando precisamente ese humo contradiciendo la idiosincrasia de la lesbiana clásica, esa que el segundo día ya se lleva el camión de mudanza, como cuenta el famoso chiste. Son las “enamoradas del amor” o fumadoras compulsivas. Yo he sido una de ellas, aunque en realidad lo único que buscaba era amor de verdad.

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El enamoramiento es humo porque cuando tienes un flechazo, te atrae una chica, tú la atraes a ella lo único real que hay al principio es esa atracción física y química, porque en realidad poco o nada sabes de ella, sólo que te gusta, te pone, te interesa por lo que tú misma proyectas que ella podría llegar a ser para ti. Todo lo demás, las mariposas, los nervios cuando la ves, hablas con ella, por fin os dais el primer beso, esa magia que sientes que vuelas, la primera vez que os acostáis y parece que no has sido más feliz nunca es estupendo, pero sigue siendo deseo, atracción. De repente aparecen las ensoñaciones, el imaginarte con ella en vacaciones, haciendo deporte, querer compartir toda tu vida con ella, saberlo todo, necesitas bebértela, su mente, su vida, igual que bebes su cuerpo cada noche, mañana o medio día en que hacéis el amor sin parar, sigue siendo química, deseo, pasión, pero al final sigue siendo humo hasta que no pasa el suficiente tiempo para dejar de proyectar fantasías y que esas fantasías se conviertan en realidades. En el caso de dos chicas todo este proceso es mucho más rápido que cuando se trata de una pareja heterosexual, porque, seamos sinceras, cuando te enrollas con una chica casi siempre llega la fase “lapa” que dura ya toda la relación, dure lo que dure. Es por eso por lo que un amigo mío, Óscar dice que las parejas de lesbianas nunca se separan mucho porque cuando se separan más de 100 metros, a la otra le estalla la cabeza. Es la ventaja de las lesbianas: somos tan intensas que al final todas las relaciones van mucho más rápido y en poco tiempo puedes realmente comprobar si toda la historia irá a más o es sólo humo.

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Y cuando el humo se acaba, ¿qué ocurre? Pueden pasar dos cosas: o se difumina tanto que desaparece, o se solidifica y se convierte en amor verdadero.
El humo puede evaporarse completamente, poco a poco, cuando esas proyecciones chocan con la realidad, esas ganas de estar a todas horas con tu chica se van apagando, te empieza a agobiar que quiera estar pegada a ti cada día, como una lapa insoportable, ya no hacéis el amor tres veces al día, ni dos, incluso puede que ya ni siquiera una, o sí, porque todavía te pone un poco, pero luego al día siguiente cuando te despiertas con esa persona, te sobra. Cosas que te encantaban como que llevara un calcetín de cada color, fuera extremadamente sensible y llorara por todo, fuera súper fan de Malú, no se perdiera La Voz y escuchara hasta su música, todas esas cosas que te parecían adorables, inexplicablemente, empiezan a ponerte nerviosa y llega el momento “comparación” con todas tus ex, o ex rollos, o cualquier humo pasado, que llegadas a ese punto, te parece mejor en tu distorsionada cabeza, porque ya sabemos todas cómo somos no las lesbianas, si no las mujeres, que tendemos a la idealización de historias pasadas que, por supuesto, jamás fueron ideales. Te cruzas con ella en tu casa y sólo quieres que se vaya por fin a la suya para estar un rato al fin sola.
Llegadas a ese punto la opción es clara. Dejarlo. Y ya sabemos lo que pasa también, las lesbianas tardan más tiempo en dejarlo que la propia relación en sí. El tiempo en dejarlo puede llegar a ser inversamente proporcional al tiempo de relación. Es decir, para dejar una relación de 4 meses puedes llegar a tardar 8. Pero la realidad es que como hay demasiadas mujeres “liana” que van de chica en chica y de humo en humo porque no saben ni quieren estar solas, normalmente se acaba cuando te vas con otra y entonces todo vuelve a empezar como un círculo infinito. El humo no deja nunca de moverse, y se mueve rápido.

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También puede ser que ese humo se solidifique y se convierta en amor. ¿Cómo saberlo? Porque todos esos defectos te siguen dando igual meses después, no te importa que cuando se lave los dientes sea incapaz de no llenarse la cara de espuma como Papá Noel o peor aún, un perro rabioso. Te da igual cuando ves que ya no es ella la única que lleva un calcetín de cada color, sino que eres tú también quien lo lleva ya que te quita toda la ropa, y no sólo eso, sino que también la pierde, y ya no te queda un sólo par de calcetines entero. No sólo te tragas La Voz, sino que además la acompañas al concierto de Malú, aterrorizada por la posible traumática experiencia, y resulta que te lo pasas bien y te das cuenta de que sí, que Malú tiene un punto (ahora, sus canciones siguen siendo muy malas, lo siento por su inmenso club de fans). Te pasas el día como una lapa y cuando te tienes que separar te cuesta realmente, pero lo haces y no pasa nada porque tenéis un amor sano y maduro. Es amor de verdad cuando ya no te acuestas todos los días, ni incluso, todas las semanas, pero la rutina y la convivencia, que son duras, no han matado el deseo, y cuando os acostáis sigue habiendo ese humo del principio.
Es amor de verdad cuando quizá, en un momento difícil, puedan aparecer otros humos pero ya sabes qué es, sólo humo, y que por mucha atracción que haya  no es más que eso y tu propia fantasía, y que por ningún humo merece la pena que estropees un amor verdadero.
Pero para llegar a eso la mayoría de nosotras tenemos que fumar mucho.
Julieta Lamoto
Ilustraciones: Elena Rubio Montesinos
Fuente: MiraLes.com

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