martes, 28 de enero de 2014

La increíble historia de los 47.000 británicos gays obligados a ser espías alemanes

La increíble historia de los 47.000 británicos gays obligados a ser espías alemanes 

La paranoia sobre la homosexualidad y sus peligros, mezclada con el patriotismo, no fue solo patrimonio de los alemanes en los años de la Primera Guerra Mundial. Precisamente la publicidad que se dio internacionalmente a los casos de supuesta homosexualidad entre el círculo más cercano al Káiser Guillermo sirvió para dar alas a las delirantes teorías conspiratorias de la extrema derecha británica. Fue el político inglés Noel Pemberton Billing quien llevó más lejos estas ideas una vez acabada la guerra al denunciar públicamente en un artículo y un discurso en el Parlamento que los alemanes habían estado chantajeando a 47.000 homosexuales británicos, hombres y mujeres de alta posición, para que les revelaran datos secretos durante la contienda. Unas acusaciones que causaron un gran escándalo público en la época y que, al igual que había pasado en Alemania, sirvió para retratar a los homosexuales como potenciales traidores a su patria y como un peligro al que había que exterminar.

El relato de Pemberton Billing tiene todos los elementos de la clásica teoría de la conspiración. Los datos que presentó habían sido supuestamente recopilados por otra figura del extremismo de la época, el militar Harold Sherwood Spencer, que había sido retirado del servicio en 1917 acusado de inestabilidad mental. Su paranoia le había llevado a estar convencido de la existencia de alemanes ocultos que corrompían a los británicos a cometer actos homosexuales y a traicionar a su patria. Había llegado tan lejos en sus acusaciones que le habían acabado relevando de su puesto en el ejército. Pero eso no le impidió seguir su campaña contra los homosexuales y los judíos.


El artículo publicado en la revista The Imperialist, propiedad de Pemberton Billing, mezclaba en toda la historia al aristócrata alemán Wilhelm, príncipe de Albania. Supuestamente este noble era quien controlaba la lista de homosexuales, que estaban inscritos en el ‘Libro Negro de Berlín’. En un relato que buscaba generar la máxima paranoia y miedo posible, el político pintaba un Londres plagado de espías alemanes que violaban niños y que estaban al acecho de las personalidades británicas en los lugares más céntricos y conocidos de Londres, como Hyde Park y Marble Arch. Entre las acusaciones se mencionaba a la propia esposa del Primer Ministro, Margot Asquith, condesa de Oxford, de quien decía que se había visto atrapada en esta red en la que “en éxtasis lésbico los más sagrados secretos del estado estaban amenazados”.


Pemberton Billing se mostró en todo momento como un patriota inglés preocupado por la depravación y la pérdida de los valores tradicionales que ponían a Inglaterra en peligro. No en vano, la homosexualidad en el frente había sido una preocupación en el propio seno del ejército. Cualquier acto sexual entre soldados era condenado con dos años de prisión y con diez si se trataba de sodomía. Cerca de trescientos soldados, una veintena de ellos oficiales, habían acabado juzgados por realizar actos homosexuales durante la guerra, que había servido para exaltar en ciertos círculos las relaciones entre hombres, dando un aura mítica a la relación ideal y masculina de amistad entre soldados, según afirma la autora Florence Tamagne en su estudio ‘Una historia de la homosexualidad en Europa’.


Pero el parlamentario también tuvo tiempo de atacar a Oscar Wilde, ya fallecido por entonces, en la figura de su sucesor literario, Robbie Ross, que era abiertamente homosexual y que murió poco tiempo después de acabada la guerra. El político atacó en otro artículo, ‘El culto al clítoris’, la representación durante la guerra del ballet ‘Salomé’, basado en la obra teatral del genial escritor inglés. En su opinión, “el productor J. T. Grein había elegido representar la más depravada de todas las depravadas obras de un hombre al que ya se había dado la pena más severa posible en la ley por vicio, por crímenes contra la naturaleza”, tal y como afirma Tamagne. El artículo se centró en la figura de la bailarina protagonista Maud Allan, a la que acusaban de actuar en connivencia con los espías alemanes y que había ejecutado de la manera más sensual posible el baile de Salomé. En opinión de las mentes puritanas de la época era una incitación al vicio, a la perversión sexual y a la homosexualidad. Allen denunció a Billing por difamación. Sorprendentemente el que había sido amante de Wilde, Lord Alfred Douglas, se posicionó a favor de Pemberton Billing, que ganó un juicio que gozó de mucha popularidad.

Foto Principal: Pemberton Billing y una imagen del Parlamento británico a principios del siglo XX.
Fuente: Ragap


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