martes, 28 de enero de 2014

El gen gay: enfoques y controversias

El gen gay: enfoques y controversias 
 En diciembre de 1994 el New York Times, basándose en el estudio realizado por Deam Hamer (Instituto Nacional del Cáncer), publicaba a bombo y platillo un artículo sobre el descubrimiento del “gen gay”, ligando la homosexualidad a una porción de ADN –presente en un 5-30% de los hombres- localizada en un extremo del cromosoma X, estableciendo una relación de causalidad entre el gen Xq28 y la orientación sexual de los varones. Los resultados del estudio pasaron a ser considerados como irrelevantes a nivel estadístico.

Ya en 1991 la revista científica Science había publicado un estudio realizado por Simon Le Vay (Salk Institute de San Diego), sobre las diferencias existentes entre la estructura cerebral de homosexuales y heterosexuales, situándolas en una región del hipotálamo llamada INAH3. El estudio, realizado sobre una muestra de 35 individuos, 19 homosexuales –cuya orientación sexual se dedujo del hecho de haber fallecido por SIDA- y 16 heterosexuales, admitía que en el mejor de los casos para esta hipótesis, el INAH3 no sería el único núcleo gay en el cerebro; siendo rechazado los por neurólogos más reconocidos.

También en 1991, M. Bailey y R. Pillard (Northwester University) elaboraron un estudio sobre gemelos para asociar la identidad sexual de la persona a su perfil genético, resultando que sólo en el 52% de hermanos gemelos y en el 22% de mellizos ambos hermanos eran homosexuales. Estos resultados, que por sí mismos desvirtúan la hipótesis genética, fueron muy criticados por haber utilizado sólo gemelos/mellizos que habían crecido juntos en el mismo ambiente familiar y social. Un estudio posterior, en base al Registro Australiano de Gemelos, situó la concordancia entre el 20-37%, señalando la importancia de las influencias ambientales en el desarrollo de la homosexualidad.

Desde la psicología evolutiva se plantea la siguiente paradoja: ¿cómo es posible que las tasas de homosexualidad masculina se mantengan fijas a pesar de que los hombres homosexuales se reproducen menos que los heterosexuales? La respuesta habitual, desde el lado del determinismo biológico, es que la baja fertilidad de los varones homosexuales es compensada por sus familiares, que se reproducen más y la compensan ¿?.

¿Tiene sentido mantener a ultranza la hipótesis de la causalidad genética de la homosexualidad? No parece que haya una sola respuesta, sino varias que se complementan y refuerzan:

- Económica: el desarrollo tecnológico, empresarial y técnico necesario para llevar a cabo programas científicos, en este caso relacionados con estudios genéticos, se traduce en una sustancial cantidad de fondos públicos y de inversión privada.

- Ideológica: a partir de la revuelta de Stonewall (reacción a la redada policial en un bar de ambiente neoyorquino, en 1969, convertida en efeméride precursora del Orgullo Gay), el activismo gay encontró apoyos en la izquierda y, actualmente, tras la caída del Muro, constituye uno de los pilares de la lucha por la igualdad que, junto a la ecología y el pacifismo conforman las señas de identidad de la izquierda actual.

- De colectivo: interés por presentar la homosexualidad como un rasgo innato, a semejanza de la raza, para equiparar la causa gay con la lucha por la igualdad de derechos civiles.

Por otra parte, si bien el 88% de los españoles dice aceptar la homosexualidad –frente al 42 de los polacos o el 16% de rusos-, mostrándose a favor de una mayor integración, cabría preguntarse en qué medida el/la homosexual acepta plenamente su homosexualidad o, si por el contrario, constituye una fuente de preocupación, viviéndola como un problema que no sabe cómo solucionar.

Cabe plantearse si la causalidad genética de la homosexualidad podría constituir, paradójicamente, un balón de oxígeno para quienes no aceptan su propia homosexualidad, permitiéndoles liberarse de esa “carga”: soy así por naturaleza, nada se puede hacer.

Otro posicionamiento, bien distinto, es dar entrada a la subjetividad, anteponiendo lo personal a lo biológico, relacionando los sentimientos y los afectos con las experiencias personales, familiares y sociales que a cada uno le ha tocado vivir, no apostando por una pretendida reorientación de la propia tendencia sexual, como supuesta forma de liberar culpas, sino por la propia aceptación, coherente y responsable, como forma de poder vivir más plenamente.

Autor: Eduardo Gallego Calvo, psicoanalista de www.terapiapsicoanalitica.com
Fuente: Ragap

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