lunes, 13 de enero de 2014

Desmontando el mito de la promiscuidad gay

Desmontando el mito de la promiscuidad gay 

El affaire que el presidente galo, François Hollande, mantenía supuestamente a espaldas de su actual pareja, Valérie Trierweiller, no sólo ha provocado que ella tenga que ser internada en un centro con depresión sino que ha vuelto a reabrir el debate de la promiscuidad. Dicen las estadísticas que a los franceses les importa un pito con quién se acuesta quien ocupa el Eliseo y que la popularidad de sus políticos se mide en base a asuntos como el paro o la falta de expectativas de la gente. En RAGAP estamos cansados de los estereotipos y la mala imagen que se usa contra los gays como armas arrojadizas. Por eso os demostraremos que debemos medir lo que decimos porque es posible que nos equivoquemos.

La lista de primeros mandatarios, ministros y altos cargos con fama de mujeriegos alrededor del planeta es tan enorme que sería imposible nombrarlos a todos aquí. Dos ejemplos, Francia e Inglaterra: Cuando en 1994 se publicaron en Paris Match fotos de Mazarine Pingeot, la hija natural del presidente François Mitterrand, fue porque este dio su autorización después de que la prensa había guardado el secreto durante 20 años. Más tarde, durante el entierro del exmandatario socialista en 1996, al lado de la primera dama, Danielle Mitterrand, estuvieron presentes Mazarine y su madre. Un solo hombre, dos familias y como si fuera lo más normal del mundo. Pero es que si hablamos de promiscuidad en Francia de dirigentes políticos heteros no dejaríamos títere con cabeza. Y es que el concepto de amante es muy francés.

En el caso británico la conversación del príncipe Carlos, el hijo de la reina Isabel, aludiendo a su deseo de ‘ser las bragas’ de la que entonces era su amante, Camila Parker-Bowles, dio la vuelta al mundo. Además, todo el mundo apoyó a Lady Di cuando se divorciaron y fue casi determinante para que perdiera gran parte de los apoyos a la sucesión de su madre.

Promiscuidad. ¿Sabemos realmente qué significa esta palabra o solo la asociamos con algo que está moralmente mal?. Según el diccionario de la Real Academia Española la define como mezcla o confusión y su segunda acepción es ‘Convivencia con personas de diferentes sexos’.

Según Matt Ridley en su libro ‘The Reed Queen. Sex and the evolution of the Human Nature’, la mayoría de las prostitutas son mujeres por la simple razón de que la mayoría de los clientes son del sexo masculino. Si la existencia de prostitutas femeninas revela el apetito sexual varonil en toda su crudeza, pues así también, el fenómeno de la homosexualidad masculina.

Hay muchos homosexuales que son menos promiscuos que muchos heterosexuales, en gran parte, por el rechazo de la sociedad. Las actividades "ilegítimas" o "vergonzosas" tienden, al no ser consentidas, a ser practicadas en exceso. Así lo demostraba el informe Zeitgeist de Google de 2013,  del que os hablamos el fin de semana. En los países en los que la homosexualidad se reprime más son aquellos en los que la gente más busca palabras como ‘sexo gay’. Y es que lo prohibido parece que ofrece una gran carga de morbo.

La promiscuidad no se confina a los que practican el sexo gay clandestinamente. Se admite que la infidelidad es un problema mayor en los matrimonios heteros que en los homosexuales aunque el rechazo social es mayor para los que practican relaciones ocasionales.

Donald Symons de la Universidad California en Santa Bárbara afirma que "Aunque la sociedad nos impone etiquetas y normas de convivencia como el matrimonio para toda la vida o la fidelidad, el deseo masculino por la variedad sexual es algo difícil de contener; la oportunidad sin precedentes de satisfacer este deseo en un mundo de hombres y la tendencia masculina hacia los celos por causas sexuales.... Estoy sugiriendo que el heterosexual masculino se comportaría, probablemente, como el homosexual masculino y practicaría más a menudo el sexo con desconocidas, participaría en orgías anónimas en saunas, y a menudo se detendría en áreas con baños públicos para una fellatio de cinco minutos de vuelta al hogar después del trabajo".

El deseo de relaciones con una sola pareja y el casual con desconocidos no son instintos mutuamente incompatibles. De hecho, son característicos del heterosexual masculino, como queda probado por la existencia de unos servicios de chicas de compañía, que por un determinado precio proveen a hombres de negocios felizmente casados de diversión sexual mientras viajan.

Parece ser que los británicos son los que se abandonan más a los placeres del 'aquí te pillo, aquí te mato'. Más que los habitantes de ninguno de los otros grandes países industrializados. Lo dice un estudio de la Universidad de Bradley (Illinois), dirigido por el profesor David Schmitt.

El estudio se ha elaborado a partir de más de 14.000 encuestas anónimas en 48 países y mide distintos parámetros. Del número de rollos de una noche al número total de amantes pasando por las opiniones y las actitudes en torno a la promiscuidad. Lideran la tabla países como Finlandia, Letonia, Croacia o Eslovenia, pero entre los grandes no hay ninguno tan promiscuo como el Reino Unido. Acompañan en el podio a los británicos alemanes (2º) y holandeses (3º). Les siguen checos (4º), australianos (5º) y estadounidenses (6º).

Muy tocada queda la reputación copulativa de los españoles, decimoterceros por detrás de los franceses (7º) y los italianos (11º) y sólo por delante de los griegos (14º) y los portugueses (15º).

La encuesta alimenta el tópico de la mojigatería mediterránea y católica: Italia, Polonia, España y Portugal y Grecia son los países menos promiscuos. También el de la promiscuidad de los países nórdicos. Fruto del frío polar o herencia de la ética luterana, los países bálticos lideran la tabla de la promiscuidad.

El autor del informe aporta una tesis novedosa: letones y fineses son más promiscuos porque en sus países hay más mujeres que hombres. Es la competencia, según esta hipótesis, la que hace que ellas sean más ‘bizcochables’ que en otras latitudes. Lo contrario, por cierto, que lo que ocurre en países como Taiwán o Japón, donde hay menos mujeres que hombres y donde la promiscuidad es esporádica y poco común.

Según el informe, las mujeres jóvenes inglesas son hoy más promiscuas que los hombres y más propensas a las urgencias del ‘uno rapidito’. Unos datos que no son sino la trasposición demoscópica de una realidad que salta a la vista en cualquier club de cualquier ciudad británica cualquier fin de semana del año.

La promiscuidad ha sido siempre valorada negativamente, signo de indecencia y de poca moral y ética. Pero hay personas que piensan todo lo contrario, que no es algo negativo si no positivo, algo que requiere mucha ética por parte de quien la realiza. Hay quien practica la máxima de 'la honestidad es una moneda de cambio'. Muchas veces es más fácil mentir a tu pareja que ser completamente honesto, principalmente, porque las personas desean cosas que luego no son capaces de asimilar si se lo hacen a ellos.

Uno de los mayores prejuicios que hay a la hora de hablar de la poligamia es que se asocia al concepto de infidelidad. Por eso, ser infiel es no ser leal con la otra persona, mentirla. No tiene que ver tanto con si te acuestas con otra persona. El secreto está en saber qué quieres tú y qué quiere tu pareja. También debemos tener muy claro cómo canalizar los celos.

Las personas que son infieles tienden a adelgazar por el estrés que implica una relación extramarital. El hecho de que una persona esté intentando conquistar a otra, produce que las hormonas se liberen por la emoción que provoca hacer algo indebido y, por eso, se adelgaza entre 3 y 5 kilos. Cuando tienes una relación dentro de la infidelidad se produce adrenalina, cortisol, el latido cardíaco se acelera, se genera hormona del estrés, la presión arterial y la respiración aumenta y todo unido quema calorías.
Fuente: Ragap

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