miércoles, 11 de diciembre de 2013

Las apariencias engañan: heteros con pluma y gays desplumados

Las apariencias engañan: heteros con pluma y gays desplumados 


El cerebro humano está programado para usar etiquetas. Para enfrentarse al entorno siempre han sido un instrumento útil. ¿Tiene plumas, alas, pico y vuela? Es un pájaro. ¿Tiene cuatro patas, pelo y ladra? Es un perro. ¿Tiene un tronco de madera y hojas? Es un árbol. No importa lo distintos que sean cada pájaro, cada perro y cada árbol, siempre sabremos distinguir uno. Pero cuando se trata de comportamientos sociales este instrumento empieza a fallar. Si un hombre mueve mucho las manos al hablar, hace muchos gestos corporales, no le gustan los deportes, habla con un tono muy suave, se acicala mucho y, en general, adopta comportamientos femeninos, ¿entonces es necesariamente gay? La experiencia nos demuestra todo lo contrario. Ahí tenemos hombres heterosexuales como Mario Vaquerizo. Que no es gay, por mucho que nuestro sistema de etiquetas se empeñe en lo contrario. O el cantante Raphael. O Secun de la Rosa. O Robbie Williams, que afirmó ser medio gay porque le gustaban los musicales. Pero que seguía siendo hetero. Ahí tenemos a todos los metrosexuales del mundo. Una cosa es el modo de comportarse, o de actuar, y otra muy distinta la atracción sexual que podamos sentir por uno u otro sexo. O por ambos.


La palabra clave es la pluma. Se entiende que un hombre gay debe tener pluma. Pero, ¿qué implica realmente la pluma? Es muy útil la definición de la RAE: “Afeminamiento en el habla o los gestos de un varón”. No pone nada de que le gusten los hombres o las mujeres. La pluma denota solo un modo de comportarse, un tic que ha quedado asociado a los hombres gays y que incluso dentro del ambiente tiene sus detractores. Un hombre tiene que ser masculino, un poco rudo, enérgico, seco, amante de los deportes, de la adrelina… y heterosexual. Otro error que queda desmentido día a día. Otro fallo en las etiquetas: ahí tenemos al juez Grande Marlaska, al alcalde de París, Bertrand Delanoë, a Ricky Martin o al actor Wentworth Miller, de Prison Break, que hasta que salió del armario nadie pensaba que fuera gay.


¿De donde salen estas ideas de qué es masculino y qué no? El documental ‘La máscara en la que vives’, que prepara la cineasta Jennifer Siebel Newsom, ya abordaba este tema desde una perspectiva educativa. Psicólogos y educadores coincidían en que desde pequeños los hombres sufrimos una presión constante por ajustarnos a la norma de lo que es aceptable para un chico y se castiga todo lo que se salga de ella. Muchas de las agresiones homófobas proceden de hecho de hombres que se ven en la necesidad de ‘castigar’ a quienes se salen de la norma masculina, que se sienten agredidos por quienes no se ajustan estrictamente a cómo se entiende socialmente que debe comportarse un hombre, independientemente de que sean gays o no. Es algo que apoyan muchos estudios científicos, como este de Dominic Parrott, un investigador de la Universidad de Georgia.

Dentro del mundo gay muchos buscan hombres sin pluma. En el mundo anglosajón la diferencia queda mucho más patente. ‘Straight acting’, que se comporta como un hetero. Una etiqueta que acompaña a muchos perfiles de hombres gays en sitios de citas y que ha abierto no pocos debates entre la comunidad gay. ¿No es contradictorio un hombre que actúa como un hetero y que prefiere, y le gusta, acostarse con hombres y no con mujeres? ¿Habrá algo más gay que sentir atracción sexual solamente por los hombres? Es la misma idea que asocia ser un macho con penetrar y ser femenino con ser penetrado y que todavía se da mucho en países como Turquía. La palabra gay y la palabra hetero deberían quedar desligadas de los estereotipos. Al final tan hombre es el sarasa que gesticula y derrocha pluma como el machote deportista y enérgico. Solo son hombres distintos.
Fuente: Ragap

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