martes, 19 de noviembre de 2013

Lesbiana: ¿Nace o se hace?


mirales.esEntendemos que la educación y la eliminación de prejuicios dan lugar a la concienciación y la tolerancia; ambos casos, fines justos a los que aspirar. Pero, ¿qué ocurre cuando se emplea la educación para contrariar los rasgos intrínsecos humanos, como lo son la raza, el género o la orientación sexual? Cuando la educación promueve el odio, la xenofobia, el machismo y la homofobia, ocultándolos tácticas de manipulación coercitiva, los prejuicios que se eliminan son los rectos; la expectación constructiva. Se liquida lo connatural del respeto, el espíritu social y la libertad. La tolerancia pasa de practicarse sana a sancionarse tabú, o a “malemplearse”.




Tan extendida hoy día la ciencia y su enseñanza, hija de la razón y la verdad –se supone– es empleada por muchos para cargar contra lo establecido moralmente natural.
Son varias las corrientes y estudios que, por aburrimiento, falta de originalidad o ánimos de joder, se han empeñado en explicar el origen (razón) de la homosexualidad; ese enigma que, desde la moral, viola lo natural y puede ser incongruentemente explicada a base de permutaciones del genoma, la plasticidad neuronal, la configuración cerebral, la depravación y más teorías.
Bien los psicoanalistas se han empeñado en explicar la homosexualidad como una perversión consecuente de varios factores vividos en la infancia. Los más populares apuntan a que el “mal desarrollo” de la identidad o la “incompletud” de la misma puede derivar en la desviación “sexual natural”. Dicho en otras palabras: que las lesbianas somos, materializadas, trocitos inmaduros de traumas. No nacemos, nos hacemos. Y mal… Y no, aunque se adivine su “curación” como un proceso de maduración de la persona, la misma teoría no la promete posible. Si acaso, el retorno a la “bisexualidad original”, pero, no así, la supresión del deseo hacia el objeto inicial (mismo sexo)
El conductismo, producto de la psicopatía de los señores Skinner y Watson, defiende que la homosexualidad, como cualquier otra conducta, puede ser “modificada” a base de la violación de los Derechos Humanos del sujeto e independientemente de su estado mental, emociones o deseos. ¿Se nace o se hace?  ¡Qué más da!  Si se nace, se deshace. Y si se hace, también… Rama psicológica de la que se sirven los programas de pseudosanación homosexual para argumentar que sí se puede “curar” a un desviado. Claro que, bajo la misma premisa, crearlo también…
Tiempo después del desarrollo de la teoría conductista del “hombre rata”, surgió la corriente psicológica en los años 50 que desarrolló la del “hombre ordenador: la cognitiva, que no tardó en hallar una analogía del funcionamiento de nuestra mente con el de una computadora. Varios estudios demuestran que el el cerebro “gay” elabora cierta información y la procesa de manera diferente al “heterosexual”. ¡Qué primicia! La homosexualidad depende, pues, de la configuración de nuestro software, (se nace) Pero, de existir una opción (homosexualidad) que se adapte a las necesidades del usuario con un primeramente impuesto software hetero, ¿cómo permitir que se la llame a esta virus, siendo una actualización? (se hace)
A la búsqueda de la raíz de la sexualidad que, según muchos, pone en jaque al futuro humano, se suma también la neurobiología. Esta, explicándola mediante estudios que prueban las diferentes estructuras somáticas entre heteros y gays (otra gran novedad), concibe al cerebro como el hardware y a su “reparo”, como el resultado de la operación o estimulación del área requerida en el caso de haber un trastorno. El fenómeno de la plasticidad neuronal, por otra parte, (la perpetua remodelación de las neuronas y su sinapsis que se refuerza o deshace según los hechos), como implícito en el desarrollo de la persona, permite que su sexualidad no se vea limitada a patrones lógicos inamovibles, sino como una opción. El hardware y el software son desarrollados también por el sujeto.
mirales.es 
A opinión personal, defiendo a mi sexualidad como innata, dentro y característica de mi naturaleza. La que me hace feliz y sentir auténtica. Y, a su vez, considero también a la personalidad como un proceso de aprendizaje, cambio y autodescubrimiento, sujeto a los intereses, deseos y circunstancias de la persona. El individuo nace, interpreta su entorno, valora, se forma a sí mismo, vive las consecuencias: se hace.
¡Vaya! ¿Entonces qué: soy (nací) o estoy (me voy haciendo)? Bollodrama… (¡qué raro!) ¿Se trata de dos verbos dicotómicos e irreconciliables, el “ser” y el “estar”?
Después de valorar ambas opciones y aceptarlas dualmente, concluyo que soy mientras estoy. Y que estoy siendo el resultado de aquello que me fue propiamente heredado (cerebro, mente, entorno) como, también, la consecuencia de mis sueños y necesidades, derivando estas en decisiones. Nacida y hecha lesbiana, en conjunción.
Y tú, mujer, sea cual sea tu sexualidad, jamás permitas que bajo el nombre de esto o aquello, religión, ciencia o moral, sea negada y, menos aún, pretendida por otros de alteración. No hay trastorno, enfermedad o perversión en la homosexualidad y, por ello, tampoco cura. Y sea cual sea la teoría que exponga lo contrario debe denunciarse por faltar a la ética al contrariar la libertad, servirse de los procedimientos radicales del condicionamiento operante y las terapias de aversión al intentar modificarla, por el empleo del miedo y la humillación al denunciarla, como también por su publicidad engañosa al vender la “cura gay” posible
Mujer, ama libre, sé feliz y con quién te dé la gana.
Bibliografía:
- McDougall. Alegato por cierta anomalía, 1978. Gallimard. Trad.: Italo Manzi. Mayo de 1982. Ediciones Petrel, Barcelona (España)
- Melanie Klein. Envidia y gratitud, 1957. Trad.: V.S. de Campo, S. Dubcovsky, V. Fischman, H. Friedenthal, A. Koremblit, D. Liberman y otros. 1988. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona (España)
- E. Deutsch. Escritos psicológicos fundamentales
Fuente: MiraLes


No hay comentarios:

Publicar un comentario