domingo, 6 de octubre de 2013

Piercing en la oreja derecha

La cultura urbana a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días ha tratado de mostrarnos que llevar un piercing en la oreja derecha se considera gay. ¿Cuál es la explicación? La cuestión va más allá de la estética y tiene su propia explicación. 
El origen de este fenómeno está en Estados Unidos en las décadas de los sesenta y setenta. En esos años comenzaba el movimiento gay, las primeras manifestaciones por las calles de grandes ciudades como Nueva York o San Francisco, el germen de la reivindicación de los derechos de las personas homosexuales. Recordemos que la homofobia imperaba en todo el mundo, que no había Internet, y los locales gays eran prácticamente clandestinos, por lo que la comunicación entre personas con gustos similares era complicada. Entonces empezaron a surgir símbolos identificativos de reconocimiento visual, como pañuelos de colores en los bolsillos traseros, pulseras tobilleras, y los piercings en la oreja derecha. 
¿Pero por qué en la derecha? El sentido es puramente reivindicativo. Con la popularización de la expresión “Right is right” (la derecha es correcto), se trataba de decir al mundo que ser gay no era ningún pecado, que lo que hacían estaba bien. La cultura popular la expandió rápidamente. Surgió como respuesta a la postura heterosexista que trataba de imponer la versión “Left is right, right is wrong” (la izquierda es correcto, la derecha está mal), que venía a hacer la misma distinción –derecha para gays, izquierda para heteros-, pero desde su “punto de vista” que relacionaba lo “equivocado” con lo “gay”. 
Esta tendencia semántica perdió valor a finales de los setenta. Los artistas musicales usaban los aretes en sus orejas izquierda y derecha independientemente, sin tener en cuenta la moda de unos años antes, y aquello del “right is right” comenzaba a perder su valor. Hoy en día, prácticamente nadie tiene en cuenta esta distinción, y llevarlo en un lado o en otro no tiene otro sentido que el estético. Aunque todavía hay heteros que evitan agujerearse la oreja derecha.
Fuente: Lo que un gay quiere ver

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