miércoles, 16 de octubre de 2013

Mi novia es bisexual. ¡S.O.S.!

Bisexual. Me dice esta mañana que es bisexual, después de dos meses de relación; he estado a punto de poner su nombre en el buzón. Y encima me lo dijo así, a bocajarro, como quien te dice que tiene apetencia de salmón para cenar. Y porque el  tema salió por pura casualidad mientras decidíamos quién bajaba a comprar el pan. Comprendedme, llevo dos meses enteros metiéndome con mi amiga Lola porque no se decide si almeja o mejillón (mientras tanto, ella no pierde ocasión a la hora de hacer pruebas, a ver si se decanta de una vez) y al enemigo lo tenía yo en casa metido, calladita hasta esta misma mañana.

bisexual

Aquí está, sentada a mi lado como si nada, hablándome otra vez de su hermana. Hablando de familia, qué casualidad que me haya dicho que hace a pelo y a pluma justo cuando acabo de presentarle al mío, que es todo un tiarrón; creo que si me dejara para irse con mi hermano, enloquecería del todo, aún más que cuando soñé que iba subiendo las escaleras del portal en cueros y me contó el vecino (durante una  junta extraordinaria) que no había sido un sueño, sino más bien un sábado muy de mañana y apestando a vodka.
Pues ahora que me fijo, tiene las uñas largas. En algún sitio he oído que una lesbiana no lleva nunca las uñas largas. Me va a dejar por el primer Geyperman que se cruce en su camino; preferirá casarse con un chico aburrido, firmar una hipoteca monstruosa a interés variable y tener 1,32 hijos. Tal vez esté siendo cornuda ya, en este mismo momento; puede que mantenga a un amante masculino (no quiero pensar que “el otro” sea yo) y se reparta las noches de la semana equitativamente para cumplir con sus obligaciones conyugales como un auténtico sultán de Bagdad… Porque no me negaréis que las bisexuales son promiscuas, vaya que sí. Si ya lo decía mi madre: “¡En esos sitios a los que vas de noche nunca vas a encontrar a alguien decente!” Y claro, me tuve que topar con la menos decente de todas, con una mujer que no ha tenido el valor de declarar abiertamente su sexualidad, con lo tolerante que yo soy. Y me lo ha dicho justo en este momento porque claro, está a punto de dejarme para irse con un hombre. Porque, por mucho que digan, estamos en desventaja; no se puede competir con un auténtico pene y un fuerte olor corporal a macho cabrío sin esquilar. Creo que necesito una relaxing cup of café con leche, voy a preguntarle si ella también quiere.

mirales.es 

¡Va a prepararlo! Eso es un signo clarísimo de que me quiere abandonar, porque siempre lo echamos a suertes; me está haciendo la pelota y lo siguiente es irse con un hombre peludo. La voy a echar tanto de menos… Es preciosa, con sus uñas largas y todo. Lo cierto es que, aunque en el minuto cero me hubiera dicho que es bisexual tampoco me hubiera importado, para una vez que ligo… Habría admitido que nada es para siempre y me concentraría en pasarlo muy bien en el presente.
¡Qué pena cuando se acaban las relaciones! Supongo que dejaremos de frecuentar los mismos sitios, que habrá que repartir los libros… Tal vez hasta que eso ocurra me obligue a ir a otras discotecas que no quiero conocer con ella y allí hay manadas furiosas de hombres gritando y dándose empujones en busca de una compañera para practicar el coito. Porque el otro día, viendo una de Lara Croft , hizo comentarios sobre el guaperas protagonista en lugar de hacerlos de la hermosísima chica de la trenza y los mini-shorts que te cura los catarros nada más verla; pues imagínate en una discoteca a quién va a mirar… Porque está muy claro: bisexual, pues que le gustan las dos cosas, ni más ni menos. Y en buena lógica, si te gustan las dos cosas, pues de vez en cuando tendrás tentaciones con la serpiente de un solo ojo. Yo sé de una que tenía a su novia, pero de vez en cuando echaba una canita al aire con un hombre porque lo necesitaba. ¡Ay madre! Si es que yo nunca he tenido suerte con nada, ni siquiera cuando decidí que no volvería a hacer nada con la novia de mi ex. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que nos hemos acostado desde que juré y perjuré no volver a caer. Y ahora Lola, que sigue haciendo pruebas sin descanso para averiguar si prefiere una cosa u otra, ¿qué me va a decir? ¿Que me está bien empleado por meterme con ella? Porque claro, en cuanto me deje voy a tener que llamar a alguien para que me consuele y a ver cómo explico yo que no he sido capaz de averiguar antes que esta mujer es en realidad bisexual. Parece que la estoy oyendo: “Si ya te lo decía yo, que era muy rarita, que a las chicas ni las mira, si es que hay que andar detrás de ti todo el tiempo para que no metas la pata. Y aun así…”

mirales.es

Llega el momento; el café toca a su fin. Es la hora de la verdad, tengo que prepararme para el golpe que está próximo. Efectivamente, toma posiciones en el sofá para colocarse frente a mí en un gesto que me vuelve loca… ¡Es súper hetero! ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Tengo que tener unos cuernos con bigote que no entro ni por la puerta del garaje.
―Cari, tenemos que hablar. Yo estoy muy a gusto contigo, desde luego, he estado pensando mucho…
Ya está, ahora va a decirme que su ex, un brillante jugador de rugby que te lo arregla todo con medio rollo de alambre, va a pasar a formar parte de nuestros juegos sexuales y entonces cojo el periquito y me voy por la puerta.
―… y nosotras nos complementamos y eso, pero en todo hay que avanzar y no estancarse, y yo siempre he tenido dudas sobre lo nuestro…
Esto está resultando más doloroso de lo que pensaba.
―¿Sabes lo que te quiero decir?
―Pues no, la verdad ―contesto poniendo cara de inocente. Encima no voy a ponérselo fácil.
―Pues que nosotras necesitamos un cambio. Radical.
Ahí está la clave: radical. Porque más radical que un pene, no hay nada… Tengo que ser dura como el pedernal.
―…y por eso te pido que te cases conmigo. ¿Qué dices?
Silencio. Lo sellamos con un beso y me la llevo a la cama para que quede más clara mi respuesta.
Estaré atenta en el baile, porque me parece que su ex está invitado…
Fuente: MiraLes.com

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