lunes, 28 de octubre de 2013

Los lugares más curiosos donde tener sexo

Los lugares más curiosos donde tener sexo  

El morbo de ser observado, el temor a ser descubierto o, simplemente, la pasión incontrolable que no entiende ni de espacios ni tiempos. Cuando las ganas de sexo aparecen, cualquier lugar puede ser bueno para satisfacer nuestros deseos. En RAGAP hemos hablado en alguna ocasión de lugares donde practicar cruising, pero hoy queremos conocer algunos de los lugares más curiosos, extraños y divertidos donde hayáis hecho el amor.




El ascensor que sube y baja
La noche es, sin duda, el momento que más se presta a los encuentros sexuales más atrevidos. Un amigo nos contó que en una de sus noches locas, ligó con un joven bastante atractivo en una discoteca gay de La Nogalera en Torremolinos. Después de tomar unas copas, el alcohol hizo su efecto y los dos se fueron rápidamente a su casa, mientras se comían a besos por el camino. La química entre los dos era tan fuerte, que una vez entraron en el portal, no les dio tiempo a llegar a casa. El ascensor se convirtió en su cabina sexual iluminada en continuo movimiento ascendente y descendente, por no hablar del otro movimiento mucho más intenso. Se dedicaron a pulsar el número 7, el del piso más alto del edificio, para una vez llegados al destino, volver a pulsar el número 1. Así, a las cuatro y media de la mañana, el ascensor batió el récord de trayectos completados en ese horario. 





 
Cuando las ganas de sexo aprietan, ni el culo de los muertos se respeta
Esta semana se celebra el Día de Todos los Santos, momento para recordar a los seres queridos que ya no están y subirles flores al cementerio. Pero en la siguiente historia, nuestro protagonista nos contó que tuvo su encuentro sexual más tenebroso en las inmediaciones de un cementerio. Una noche estaba en el coche con su pareja, buscando un lugar tranquilo donde aparcar, lejos de miradas indiscretas, para poder hacer el amor. Y vaya que si lo encontraron. Sin saberlo, habían aparcado en los exteriores de la parte lateral de un cementerio. Pero ellos ni se dieron cuenta. Después de 15 minutos de intenso frenesí sexual en los asientos traseros de su monovolumen, salieron a estirar las piernas y fumarse el cigarrito de después. Y fue en ese momento cuando se dieron cuenta de dos cosas: que estaban aparcados en la pared lateral de un cementerio y que habían tenido la noche de Halloween más caliente de sus vidas.



¿Desean algún postre los señores? No gracias, ya lo hemos tomado en el baño
Baños de discotecas, de estaciones de autobuses, de oficinas de trabajo… Si los baños hablasen, cuantas historias erótico-festivas podrían contarnos con pelos y señales. La siguiente pareja que nos ha hablado de su fogoso encuentro sexual son dos hombres de Madrid. Estaban cenando en uno de los muchos restaurantes de la capital. El menú incluía una buena tapa de pulpo a la gallega, un chuletón de buey a la piedra y una botella de un buen reserva de Rivera del Duero. Con estos ingredientes, el empacho fue sustituido rápidamente por una excitación que solo podría ser resuelta en el único lugar del restaurante que ofrecía un poco de privacidad. Nuestros dos comensales se levantaron de la mesa en dirección al baño tras pedirle al camarero que les trajera la carta de postres. Por suerte para ellos, los baños estaban limpios y olían a una agradable fragancia de vainilla. Con toda la discreción que pudieron, completaron su acto sexual y volvieron a la mesa. El camarero les preguntó entonces si ya sabían que postre iban a pedir, y los dos respondieron al unísono: “El postre ya lo hemos tomado.”





Vísteme despacio que me voy deprisa
Las mujeres son iguales o más atrevidas que los hombres a la hora de escoger lugares públicos donde hacer realidad sus fantasías sexuales. Nuestras siguientes protagonistas son dos lesbianas de San Sebastián y, si bien su experiencia no fue en la playa de La Concha como alguno ya podría imaginarse, el sitio que eligieron fue muy adecuado para la ocasión. Estaban de compras por la zona comercial de la capital guipuzcoana y claro, después de una hora de probador en probador, desvistiéndose una vez tras otra, la pasión se coló entre sus prendas. Comenzaron a acariciarse viendo sus cuerpos reflejados en tres espejos a la vez y ya os podéis imaginar el resto. Los nervios y la excitación del momento hicieron que pronto llegaran al orgasmo y que tuvieran que disimular sus gemidos con risas y bromas para no delatar lo que realmente estaba pasando tras las cortinas. Hay cosas que el dinero no puede comprar...
Fuente: Ragap


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