jueves, 3 de octubre de 2013

¿Ligarse a un “hetero”? Quizá no sea tan difícil como parece

¿Ligarse a un “hetero”? Quizá no sea tan difícil como parece 
El dicho popular lo deja bien claro: dos no se pelean si uno no quiere. Y algo parecido ocurre en el sexo: dos no se enrollan (ni se acuestan) si uno no quiere. Por eso, cuando pensamos en ligarnos a un hetero (y reconozcamos que todo gay se ha enamorado de alguno) lo primero es pensar que se trata de una misión imposible. Pero no hay que caer en el desánimo. La bisexualidad (más o menos latente) es un fenómeno mucho más frecuente de lo que se cree y más de un hetero puede esconder un cierto gusto por experimentar y probar nuevas experiencias. Al fin y al cabo, sexo es sexo. Ya os comentábamos en Ragap esas razones científicas por las que un chico que no es gay puede acabar en la cama con otro hombre. Y aquí os damos algunos consejos para intentarlo.

No hay que tener miedo. Si nos acercamos pensando en que nos va a rechazar, malo. Hay que ir con confianza. Al fin y al cabo, no lo vamos a violar y no va a pasar nada que él no quiera que pase.

La discreción es fundamental. Lo último que quiere un hetero es que todo el mundo sepa de aquél “desliz” gay que tuvo una noche. No hay que forzarlo en la conversación, pero es bueno que dejemos caer lo discretos que somos. Y que lo demostremos con hechos.

La confianza es fundamental. Ya sea que andamos detrás de un amigo como de un tío al que acabamos de conocer, es importante ganarnos su confianza poco a poco. Nada de ir a degüello. Habrá que empezar entablando conversación y conociéndolo. Sí es importante intentar que haya situaciones lo suficientemente íntimas como para poder hablar sin tapujos.

Cuidado con el primer contacto físico. Una palmadita en la espalda, guay. Meterle la mano en el pantalón a las primeras de cambio… olvídalo. Hay que ir generando una situación de comodidad, en la que un contacto físico casual se vea como algo aceptable.

Hablar de sexo. Las conversaciones picantes pueden servirnos para saber de qué pie cojea nuestro objetivo, saber qué cosas le gustan y planificar nuestros movimientos.

Jugar con la curiosidad. El gusto por experimentar y por conocer sensaciones es algo innato en todas las personas. Si le creamos curiosidad sobre el sexo con otro tío le habremos metido una idea interesante en la cabeza.

Apelar a las experiencias. Es posible que nuestro hombre haya jugueteado con el mismo sexo en la adolescencia, o puede que no. Pero contarle tus experiencias con chicos heteros puede servir para que se suelte. De todos modos, ¿quién no se ha hecho un pajote con un amigo viendo porno?

No forzar las situaciones. El ritmo en esta relación lo va a acabar marcando el hetero. Si intentamos ir más rápido de la cuenta se va a asustar y ahí se acabará todo.

Llegado el momento, hablar con claridad. Cuando ya exista confianza y una cierta camaradería se puede empezar a hablar con claridad. No es necesario decirle que eres gay, pero sí dejarle caer que tienes la fantasía de estar con un tío como él. Aquí la estrategia dependerá mucho de cada chico. Si él sabe que eres gay decirle que lo encuentras atractivo va a funcionar. A todo el mundo le gusta sentirse deseado.

Hablarle de los heteroflexibles. Que le quede claro que no va a ser menos hombre por haber probado. Ni se va a volver gay. Muchos chicos pasan por estas experiencias y realmente no tiene ninguna importancia.
Fuente: Ragap


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