martes, 1 de octubre de 2013

La lista del amor

Alta, delgada, rubia o morena, los estereotipos nos hacen, a veces, perder el norte en el amor. Buscamos un ideal que no existe más que en nuestra imaginación y desaprovechamos oportunidades que jamás volverán.
Hace un par de semanas recibí la llamada de una amiga. Me contó que acababa de conocer a una mujer maravillosa, que estaba enamorada, que tenía sentimientos que hasta ahora no había experimentado nunca y que creía ser feliz. ¿Cómo que creía? ¿Acaso no había estado buscando eso toda su vida? Pues sí, pero no. Por lo visto ella poseía una “lista de la compra” muy detallada sobre las características que debía cumplir la mujer de la que se enamorara, y ésta no cumplía ninguno de esos requisitos, de ahí su asombro y sus dudas sobre si seguir o no con dicha relación, a pesar de quererla con locura.
Esa llamada me hizo recapacitar sobre la famosa “lista” que, en el fondo, todos hemos elaborado en alguna ocasión y permanece guardada en el fondo de uno de nuestros bolsillos. Y buscando y rebuscando encontré un borrador de mi propio listado:
  • Chica atractiva y femenina (como yo, naturalmente)
  • Pelo rizado y castaño (esto no es tan importante)
  • Altura mínima 1,65 (tiene que medir igual que yo cómo mínimo)
  • No fumadora (pufff, odio el tabaco)
  • Atlética (no es que yo lo sea, pero por pedir…)
  • Que le gusten los niños (fundamental)
  • Divertida y simpática (yo no sé contar chistes, así que alguien tiene que animar las reuniones sociales)
  • Que sea más de ciudad que de campo (no me gusta nada eso de ir a la montaña y acampar en un monte)
  • Que le interesen el cine, la música española y la fotografía (así no discutiremos sobre qué película, concierto o exposición ir a ver)
  • Y un largo y largo etcétera más de características imposibles de ser desempeñadas todas juntas por una misma persona.
 
El problema de estas “listas” es que, si pretendemos que nuestra pareja cumpla a rajatabla todos los requisitos, jamás encontraremos el amor. Mi amiga fue descartando una tras otra a la mayoría de sus posibles parejas por no cumplir alguno de sus requerimientos y eso la llevó a permanecer sola durante muchos años. Ahora, que había entrado en su vida alguien que conseguía remover todos sus cimientos antes de que le diese tiempo de echar mano de dicho listado, se sentía asustada y perdida. Y no sólo porque esta mujer le hubiese hecho cambiar su forma de pensar, si no por la tristeza que le causaba recordar las oportunidades que había dejado pasar. Se acostumbró a vivir bajo esas expectativas y ahora no sabía qué hacer. Sus prejuicios le impedían pensar en ella como el amor de su vida. Pese a ser feliz y vivir en una continua luna de miel, su “lista” le imposibilitaba disfrutar plenamente de dicha relación.
La conclusión de toda esta historia es más que evidente, nuestras “listas” no son más que eso, un conjunto de características ideales que deseamos que cumpla la persona con la que vamos a compartir nuestra vida, pero el amor nunca es tan previsible. El amor es un misterio, un ir descubriendo, poco a poco, a la otra persona, un caminar juntos, cada uno con sus propios gustos e individualidades que, al unirse a las nuestras, harán de nuestra vida algo maravilloso. Así que rompamos nuestras listas y dejemos que sea nuestro corazón el que decida sobre quién debe permanecer dentro de él.
Fuente: MiraLes

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