miércoles, 30 de octubre de 2013

La Inquisición, una de las mayores máquinas de represión contra los gays

La Inquisición, una de las mayores máquinas de represión contra los gays  
La Inquisición ha quedado ligada en el imaginario público a la lucha contra herejes o adoradores del demonio, a falsos conversos, a librepensadores y, en general, a todo el que se atreviera a poner en cuestión o reinterpretar los dogmas del catolicismo. Pero se suele quedar en el tintero un colectivo que fue uno de los más perseguidos y perjudicados: los gays y lesbianas también sufrieron en buena medida la represión de los Tribunales del Santo Oficio, que condenaron a morir en la hoguera a decenas de homosexuales, tanto en España como en los virreinatos de América Latina. El pecado de sodomía, o pecado nefando, estaba considerado uno de los más pervertidos por la Iglesia y era condenado tanto por los tribunales civiles como por los eclesiásticos.

En el caso de España en los territorios de Castilla eran los tribunales civiles los que seguían los juicios por sodomía, mientras que en los de la Corona de Aragón sí eran los eclesiásticos los encargados de juzgar. En todo caso, los tribunales civiles seguían aquí los principios religiosos para condenar la homosexualidad y paradójicamente eran más duras las condenas en los tribunales civiles que en los eclesiásticos. En el primer caso la condena era siempre la muerte en la hoguera hasta finales del siglo XVII mientras que el arrepentimiento ante un tribunal de la Iglesia podía acabar permutando la pena, según indica un estudio de la Universidad de Sevilla.

Se han perdido muchos de los registros de los archivos, por lo que es difícil contar con datos fidedignos de condenas civiles. Sin embargo, los documentos que se conservan de la Iglesia permiten pintar un cuadro desolador. Según un estudio del profesor Rafael Carrasco, que se centró en el Tribunal de Valencia, entre los años 1450 y 1700  la Inquisición realizó 380 juicios por sodomía solo en esta ciudad. Se instruyeron otros 791 en Zaragoza y 453 en Barcelona. De los acusados en Valencia 37 acabaron quemados en la hoguera. Las alternativas no eran mucho mejores: destierro, azotes o condenas a galeras. Apenas un 17% de los procesados fue absuelto.

De los tribunales civiles no se han conservado tantos registros. En el caso de la ciudad de Sevilla la principal fuente de estudio es precisamente un religioso, el jesuita Pedro de León, que fue confesor en la cárcel de Sevilla entre 1578 y 1616. En esos 38 años el religioso conoció 114 casos de sodomía. Se sabe que “los tribunales de Granada y Sevilla, junto con el Tribunal de la Casa de la Contratación, instruyeron 175 casos de sodomía entre 1560 y 1699, en los que sentenciaron a unos cincuenta sodomitas a la hoguera”, según el mismo estudio de la Universidad de Sevilla. Las estimaciones para la ciudad de Madrid hablan de más de un centenar de homosexuales condenados a la hoguera en la capital entre 1580 y 1650.

En el caso de Valencia la mayoría de las condenas a la hoguera se realizaron entre 1616 y 1630, en los años de la Contrarreforma y sin embargo se dejó de condenar a muerte después de esa fecha. Los castigos se suavizaron, pero seguían estando muy presentes. La crueldad de la Inquisición llegaba al punto de que los menores de edad eran condenados a presenciar como sus amantes morían en la hoguera, como fue el caso de Francisco Aynar, un pasamanero de 15 años condenado a azotes y destierro en 1625 en Valencia por haber sido pasivo con un hombre de 20 años, que sí fue condenado a morir en la hoguera.

En América Latina también se conservan informaciones de muchos procesos y condenas, según estudios de profesores como Fernando Iwasaki, José Toribio Medina, Salvador Novo y Ricardo Palma. La historia más destacada es la que afectó a Cotita de la Encarnación, un indiano que no disimulaba sus maneras afeminadas y que al parecer regentaba un exquisito burdel masculino en la ciudad de México en el siglo XVII. Entre su clientela estaban, al parecer, grandes personajes de la época y su juicio causó un gran revuelo. Cotita fue acusado después de que una lavandera y un grupo de muchachos sorprendieran a unos hombres “jugando como perros” en el río en las afueras de la localidad de San Lázaro. Era el año 1657 y tras muchos interrogatorios y torturas Cotita y otros catorce de los diecinueve detenidos fueron condenados a morir quemados en la hoguera apenas un año después de su detención. Otro de los acusados, un mestizo de solo 15 años de edad, fue condenado a 200 azotes y a ser vendido como esclavo durante seis años. Los acusados, por supuesto, fueron obligados a desfilar por las calles de México para someterlos a las burlas de la población.

Pero no todos los que acabaron presos corrieron la misma suerte, y algunos consiguieron librarse del tormento ‘misteriosamente’. Es el caso de Andrés Cupi, un esclavo mestizo que estaba a las órdenes de un cura de Lima. Su amo lo acusó en 1590 de pecado nefando con otro de sus criados, pero tras un memorable paso por prisión (en el que tuvo tiempo de cometer actos ‘vergonzosos’ con unos cuantos encarcelados) y de narrar en el juicio con todo detalle cuántos personajes principales de la ciudad se habían beneficiado de sus servicios, el bueno de Cupi fue absuelto y devuelto al servicio de su más que probable amante, el cura de la parroquia del barrio limeño de Malambo, que estaba incluido en los relatos del acusado.

También tuvo suerte Juan Bautista Ortegón, que fue detenido en la ciudad de Panamá en 1631 acusado de todo tipo de “amancebamientos y sodomías”. Ortegón se caracterizó en el juicio por un relato tan pormenorizado que el propio secretario encargado de transcribir las declaraciones, el secretario del tribunal de Cartagena de Indias, acabó haciendo constar su enfado: “se le ha permitido contar por menores del discurso de su vida, que resulta a veces llena de torpezas tan asquerosas que la pluma se resiste a entrar en ese terreno”. Sin embargo, tras cinco años en prisión y, al parecer, la visita a su celda de algunos inquisidores, el acusado fue dejado en libertad. Ortegón, lejos de mostrarse avergonzado, había ensalzado el sexo homosexual y se había declarado capaz de satisfacer a cualquier hombre, porque sabía lo que a ellos les gustaba.  
Fuente: Ragap

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