lunes, 28 de octubre de 2013

GuíaLES: Berlín

A Berlín llegué contenta, muy contenta. Me emborracharon… Y fue, (según me hicieron creer), por mi bien y a fin de bajar en mí los nervios que bien creía disimular al mundo y a mí misma. Lo hicieron a base de una, dos y no sé cuántas copas. Después de todo, el alcohol desinhibe, ¿no? (el problema es el qué)
En mi caso fue la felicidad pasotista, anestesista de mi colección de marrones tras pisar tierra alemana: perder la dirección a la que debía llegar, las imprudentes horas de la madrugada, mi ignorancia absoluta del idioma, la inoportuna muerte de mi móvil y el seseo de mi andar, arrastrando una maleta que me doblaba en tamaño.

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Pasaron horas hasta que localicé un alma en el metro: un joven alemán que me ayudó a hallar una solución a tanto desastre y que al poco tiempo me descubrió lesbiana. Hablando me recomendó el barrio de Schöneberg, el histórico gay del lado oeste.
Por alguna extraña razón no lo investigué hasta meses después. Detalle del que me redimí más adelante y por el que ahora me invito a recomendar.
Su más destacado bollolugar es, sin duda, Begine, lugar de encuentro para mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales donde se organiza mensualmente un programa cultural de enfoque internacional además de cursos, tertulias políticas y literarias, amenizadas por la buena cerveza.
Al otro lado del ya derribado muro, subrayo y acentúo al barrio de Kreuzberg. Sencillamente increíble, pues además de encontrarse abrazado por el río Spree y albergar uno de los parques más bonitos de Berlín (el Victoriapark), es un espacio donde los prejuicios y la intolerancia son vencidos por la concienciación, la cultura y el respeto. Bohemio y colorido y distrito, a su vez, de concentración Les de mayor notoriedad.
El Hamam lo ratifica; los baños turcos exclusivos para mujeres. Perfectos si en compañía de vuestra pareja (o la que os hagáis de pareja ahí), queréis disfrutar de un masaje, la sauna, una cup of chocolate (muy bueno) o de la inmersión en otro tipo de aguas…

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Y en el mismo barrio, a las roqueras, punks y anarquistas en particular, les recomiendo Tommy Weisbecker Haus; casa antisistema, fácilmente identificable por el graffiti que cubre la totalidad del edificio y conocida por su historia de lucha y asesoramiento político-legal. También, y actualmente empleada como bar alternativo y de conciertos.
Del estilo también tenemos al Clash, bar underground muy económico, igualmente con billar, futbolín, dianas y música rompedora.
Siguiendo en la misma línea anarquista, nos adentramos ahora al este profundo berlinés: Friedrichshain. Callejuelas imposibles, edificios okupas, tiendas de música y ropa al más puro estilo radical, son algunas de las características que definen a este distrito, en el que el arte urbano y la reivindicación invaden cada uno de sus rincones.
Cerca de su parada de metro más conocida, Warschauer Straße, por la entra del Raw Temple, llegamos a la concentración de varias discotecas (todas ellas gayfriendly), características por su música techno y del mundo, y su ambiente intercultural.
Al norte y rozando la periferia berlinesa, se encuentra el controvertido Prenzlauer Berg; barrio hipster criticado por muchos, odiado por otros tantos y habitado por los yuppies de altas nóminas. Mas, al margen, y alejándonos de la moda de criticar las modas, cabe reconocer lo alegre y agradable que es de pasear, su riqueza de bares y cócteles extraños en terracitas de ensueño e ideal para quienes viven el veganismo y la alimentación Bio. El An einem Sonntag im August es un perfecto ejemplo de su decoración random, muy recomendable para tomar una banana Bier y más mixtos de cervezas.
También lo es, y no muy lejos, la visita obligada al Mauerpark un domingo. Y no sólo por tratarse de un confesado parque de encuentro bollero, también por la aventura de descubrir lo inimaginable y más desde su gigante e internacionalmente conocido mercadillo de segunda mano, hasta artesanía, espectáculos, karaoke…

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¿Y la zona centro?, ¿existe? Sí, pero no como casco histórico. Si bien es cierto que las construcciones más relevantes de la ciudad se encuentran ahí, como la Berliner Dom, imponente catedral a orillas del Spree, acompañada de la Insel Museum (isla de los museos), la mayoría de edificios destacan por su modernidad. Mucha de la arquitectura típica de la ciudad sucumbió al embiste de las dos guerras mundiales y a su terrible partición en el 1961. Tras la caída del muro, 28 años después, se considera a la Brandenburger Tor como símbolo de paz y unidad alemana, y por ello, en un monumento imprescindible de visitar. A pocos minutos a pie se encuentra el Parlamento, el monumento al holocausto (muy interesante, pues más que verse, se vive)
Berlín tiene mucho por conocer, mucho por vivir; todo lo que la hace única. Y, en su caso, más que sus construcciones, son quienes la hacen y hacen de ella y en ella, arte. Donde el único estereotipo es romper con los estereotipos: ser una misma. No prejuicios, no represión. Vivir el derecho prohibido: la propia identidad.
Por ello, aventureras del conocimiento universal y propio, sentenciando finalizo: ¡Berlín es vuestra ciudad!
Fuente: MiraLes

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