lunes, 21 de octubre de 2013

El difícil relevo del cine LGTB español

Si ya el futuro de cine español corre bastante peligro en el caso de los jóvenes que realizan o realizaban cine de temática LGTB, hay una mezcla de huida y exilio interior cuando menos dignos de análisis.

Fotograma de la película Eloïse, de Jesús Garay Si ha existido o no un cine gay español articulado como tal puede ser objeto de muchos debates. Algunos han visto en figuras como Almodóvar o Eloy de la Iglesia los pioneros en uno y otro sentido. Incluso han visto, algo apresuradamente, que la sombra del primero marcaba o ensombrecía todo el cine de temática LGTB. Pero esa era la mirada de los críticos, no de los cineastas ni de los espectadores abiertos. ¿Cómo nombrar a cinestas gays sin miedo? Bueno, pues cuando ellos ya lo han hecho, como es el caso de Ventura Pons, Albadalejo, Marta Balletbó Coll, Antonio Hens, Jesus Garay o Ramón Salazar.
Obviamente, por la razón que fuere, no quieren ser etiquetados únicamente como realizadores de "cine LGTB", aunque casi siempre apunten en ese sentido como realizadores de cine español de calidad. Así, hay figuras que se mantienen en la ambivalencia, porque se han aproximado a los temas desde ópticas bastante obstusas hablando más de masculinidad o feminidad que de cuestiones LGTB, como es el caso de Sánchez Arévalo, Yolanda García Serrano, Guillem Morales o Belén Macías.
El hecho de que sea mas fácil salir del armario como cineasta gay o lesbiana en el muchas veces puritano mundo anglosajón o en el cine francófono, tiene mucho que ver con la masculinísima crítica española, heredera de los esquemas culturales del franquismo. Boyero, Garci... y su séquito. Figuras que nadie discute que sepan mucho de cine pero que, obviamente, pertenecen al pasado por razones que no vienen al caso.
De vez en cuando hay sorpresas como 20 centímetros, Eloïse, Krampack o Pan negro que nos sitúan en una posible articulación de un cine LGTB español, pero en la actualidad la vuelta al armario en los trabajos puede incluir la vuelta al armario de algunos directores que realizan filmes de miedo o catástrofes porque solo así pueden amortizan los gastos. Un caso excepcional ha sido Antonio Hens, que ha realizado su mejor película en Cuba, o Salazar, que guarda secreto pero también crea expectación con 1.000 noches en ningún aparte. Villaronga abrió una brecha cuando fue premiado en los Goya, dando voz al recuerdo de silenciados y silenciadas como Jesus Garay, Iván Zulueta o el propio Pons, olvidados por crítica y público. Pero el propio Villaronga ha tenido que realizar su siguiente película para televisión y su siguiente proyecto es una coproducción con Francia.
La herencia del tardofranquismo lleva a un empobrecimiento cultural, unido a los "recortes", que cada vez deja menos espacio a un cine español iconoclasta, que, no obstante, se sigue haciendo aunque tenga limitada distribución.
Fuente: cascaraamarga.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario