jueves, 3 de octubre de 2013

Demostrado: el sexo gay es mejor que el hetero

Demostrado: el sexo gay es mejor que el hetero 

El sexo es sexo lo llame quien lo llame o lo practique quien lo practique.  Y si todas las comparaciones son odiosas, ésta no iba a ser menos. En Ragap nos hemos planteado una cuestión de vital importancia para el devenir de la humanidad. ¿Quién hace mejor el amor, dos hombres juntos o un hombre con una mujer? Antes de que respondáis con conocimiento de causa a esta pregunta, hemos analizado, con todo el “rigor” que la cuestión permite, los pros y contras de este apasionante dilema y las conclusiones obtenidas nos llevan a afirmar que, en  pareja, el sexo es cosa de hombres.

Para llegar a tal afirmación, hemos recurrido a un análisis pormenorizado de aquellas características de los sujetos llevados a estudio, el hombre y la mujer. Así pudimos verificar cuál es la combinación que disfruta de un mayor placer sexual en la cama, o en donde más os guste practicarlo. Seguramente, nuestra investigación aún no sea reconocida por ninguna autoridad científica, pero cumplimos con dos de los pilares fundamentales de cualquier método: la reproducibilidad y la refutabilidad. Primero porque nuestro experimento podría ser repetido en cualquier lugar y por cualquier persona del mundo, y segundo, porque nuestra propuesta es susceptible de ser refutada.

Comenzando con los pros y contras, nos parece lo más acertado estudiar las características físicas y emocionales que diferencian a unos y otras, porque si bien los polos opuestos se atraen, a veces las diferencias terminan por fastidiar. No seremos nosotros quienes nieguen el placer sexual del que disfrutan los unos con las otras,  y viceversa, cuando están en acción. Físicamente, sus cuerpos se ensamblan a la perfección. Pero, ¿también encajan igual de bien a nivel emocional? Aquí se nos plantean más dudas.





La regla, ese muro infranqueable

Cualquier hombre heterosexual ha visto en alguna ocasión como su oportunidad de echar un buen polvo se desvanecía al escuchar estas palabras: “lo siento, tengo la regla”. Mientras que la menstruación suele ser el momento en el que el celo de las mujeres despierta con toda su intensidad y tienen más ganas de practicar relaciones sexuales, para la mayoría de los hombres, la regla es ese muro infranqueable capaz de bajar la erección más potente. Una situación a la que jamás de los jamases tendría que enfrentarse una pareja gay, formada por hombres evidentemente.




Por delante sí, pero ¿por detrás también?

El sexo anal siempre ha sido algo habitual entre las parejas gays y su práctica no despierta ningún tipo de tabú, a priori, entre ellos. Antes o después, una pareja de hombres terminarán por explorar sus cuerpos y descubrirán si son activos, pasivos o versátiles. Pero no todas las mujeres sienten la necesidad de explorar su sexualidad a estos niveles, y para muchas de ellas, el sexo anal no es una opción. Cierto que las que lo prueban suelen repetir, pero no todas se atreven. En cambio, muchos hombres se excitan con solo pensar en penetrar a una mujer por detrás por el morbo que supone, y la presión lógica de este acto.




Ellas mienten más y mejor

A nadie le gustaría enterarse que alguna vez ha sido víctima de un orgasmo fingido. Pero las parejas heteros sufren más este engaño que las gays. De todos es sabido el arte de las mujeres para convencer a sus parejas sobre el éxito de la faena que acaba de realizar, cuando en realidad solo estaban deseando que acabaran lo más rapidito posible. Aunque ellos también saben fingir, cuando en mitad del acto, sobre todo con mujeres que conocen en una noche de borrachera, el efecto del alcohol desaparece y se dan cuenta que su acompañante no les pone tanto como hacía una hora atrás, y deciden eyacular pronto para poner fin a tal desilusión. En el caso de los gays, si los hombres saben fingir, parece evidente que también existen orgasmos de pega. Pero al realizar un acto más completo, donde pueden dar y recibir al gusto, existen más posibilidades de que la relación termine con final feliz y no se convierta en una ficción de las malas.







La monotonía, ni pa tí ni pa mí

Después de los primeros encuentros sexuales, tan salvajes, intensos y llenos de frenesí, el sexo entre el hombre y la mujer no vuelve a ser igual. El macho pierde el apetito que despierta en él la novedad, y la hembra, después de muchas noches sin postre, comienza a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Son tiempos en los que las parejas heterosexuales se preocuparan por imaginar nuevas situaciones y no siempre sus gustos y complicidad coinciden. Aquí lo fácil sería decir que en una pareja de hombres, por ser los dos del mismo sexo, encontrarían la solución a la monotonía que el tiempo produce en toda relación. Pero nos parece que aquí se da un empate técnico. Tanto las parejas gays como las heteros no son inmunes al paso de los años, y las relaciones sexuales suelen ir a menos, no a más, en ambos bandos.

Pese a que hayamos podido caer en algunos tópicos, las conclusiones son las que son. Y la realidad termina por empujarnos a afirmar que el sexo entre hombres es el ganador de su enfrentamiento con el sexo entre hombre y mujer.

Fuente: Ragap

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