lunes, 16 de septiembre de 2013

La aportación de los gays al mundo de la moda

 


Nueva York reconoce en una exposición el protagonismo de los "queer" en esta disciplina.
“Una vez le pregunté a Vivienne Westwood cuánto habían contribuido las mujeres a la moda.Y ella respondió: ‘Probablemente, no tanto como los hombres homosexuales’”, asegura Valerie Steele, directora del Museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York. Esto dio origen a la exposición “Una historia Queer de la moda: desde el armario a la pasarela”, un programa pionero comisariado por Steele y su colega Fred Dennis. En el fondo, tratan de dar visión más equilibrada de la historia de la moda, pues, es un secreto a voces de que está dominada por creadores gays.
Básicamente, han tenido que reescrbir la historia de la moda, pues la muestra cubre tres siglos a través de cien piezas: desde los extravagantes “queers” (“maricones”) del siglo XVIII, conocidos como “pececitos”, al convulso siglo XX, con la particular elegancia de las  lesbianas butch, los clones gays, las drag queens y también la obra de esos diseñadores que siempre ocultaron sus verdaderas preferencias.
En la edad del matrimonio igualitario puede parecer casi inverosímil que diseñadores como Christian Dior, Bill Blass, Halston y muchos otros pasaran su vida profesional en el armario o que la homofobia estuviera tan extendida en un campo donde los estereotipos han sostenido durante mucho tiempo que la mayoría de los diseñadores son homosexuales.
Durante la época en que su sexualidad no era simplemente desagradable, sino además ilegal, gays, bisexuales y lesbianas improvisaron un teatro social que expresaron, sobre todo, como asegura Steele, a través de extravagancia, la transgresión y una experimentación abiertamente juguetona con los convencionales formas de visualización del género.
En un primer momento “nos dimos cuenta de que podríamos empezar con la mitad del siglo XX, porque los historiadores no parecen encontrar algo antes de Dior -continúa Steele-; pero entonces, al mirar más profundamente en la historia, hallamos culturas proto-gay en ciudades como Londres, París y Amsterdam”.



Peinando los documentos del siglo XVIII han descubierto registros de tabernas en Londres, conocidas como molly houses, frecuentadas por “sodomitas que, además de beber e ir de juerga, se intercambiaban ropa” y vestían con prendas de mujeres. ”Una de estas molly fue dirigida por  la Madre Clap, todo un personaje estudiado por el historiador gay Rictor Norton  en un particular  libro de 1992, “La Molly House de de la Madre Clap”. Durante una purga de 1710, la policía de Londres cerró con candado las casas molly y encarcelaron a sus clientes. Los menos afortunados fueron condenados a muerte.
Y en esa triste realidad se puede encontrar una idea de la necesidad de sistemas de signos y símbolos ocultos, códigos visuales gays improvisadas en respuesta a la opresión. Es discutible si  se puede decir que en ese tiempo se formara una “estética gay”, aunque empieza a deducirse  que los gays y lesbianas históricamente han encontrado un refugio en la moda porque, como sugiere Steele, ofrecía “una oportunidad para crear una sensación única en la reacción a una sociedad homofóbica. Con toda probabilidad, muchos encontraron su camino en la moda ya que las puertas de otras profesiones más conservadoras se les cerraron”.
Más tarde las cosas fueron mejor, pero nunca ideales, Dior, el gran modisto francés, nunca salió del armario por miedo a escandalizar a su madre.

 El innovador de origen austriaco Rudi Gernreich, un activista en la vida privada, no se atrevía a salir en público por miedo a la deportación, la visionaria de la moda británica y editora del “Vogue” de allí, Madge Garland, fue destituida cuando su sexualidad fue revelada. Incluso el galardonado diseñador contemporáneo Narciso Rodríguez, una vez consideró abandonar su carrera, como explica en el catálogo de la exposición, ya que sus padres se alarmaron que iba a “convertir en gay”.
“El punto de hacer esta exposición fue dar a conocer a la gente que viene detrás de mi generación”, asegura Fred Dennis, de 60 años. ”La percepción actual es que los gay están integrados. Uno de los problemas  es que esta gente más joven pierda la memoria de siglos de intolerancia. Lo peor que les puede pasar a los gays es que no conozcan su propia historia”.
Fuente: Ociogay.com

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